En las ciencias sociales existe una fuerte corriente de pensamiento que señala que la realidad es una construcción social. Lo que vemos, oímos, pensamos y definimos son en definitiva relatos matizados por cargas culturales, valóricas, ideológicas y cargadas de significados relativos a otros relatos. Más allá de polemizar respecto de las cuestiones epistemológicas en torno a qué es la realidad, lo que me ineteresa debatir dice relación con como la comunicación política en Chile va construyendo la realidad.
En Chile, existe un marcado contraste entre las estrategias comunicacionales de la izquierda y de la centro-derecha. Mientras la izquierda (ya sea en su vertiente extra-parlamentaria o en la centro-izquierda Concertacionista) desarrolla estrategias de largo aliento, planificaciones estratégicas y esfuerzos multimediales, la centro-derecha se caracteriza por su enfoque amateur, errático y corto-placista.
Si bien, muchos hablan del monopolio de los medios de comunicación por parte de la derecha, la verdad es que existen importantes medios que prueban lo contrario. Existen conglomerados radiales en poder de la Concertación, el diario La Nación (que es un órgano de propaganda del gobierno), TVN que ha sido permeado en algunos períodos por las presiones político-partidistas de la coalición gobernante, The Clinic, que con su gran circulación caricaturiza las ideas y a personeros de centro-derecha y, por último, los semarios ligados al Partido Comunista que se encuentran en gran cantidad de kioscos. Por otro lado, El Mercurio, La Segunda y en menor medida Mega y Canal 13 ofrecen una perspectiva más de derecha de los acontecimientos nacionales, en especial, los medios escritos mencionados y los canales de televisión en lo que se refiere a la moral sexual. Ninguno de estos medios representa a una centro-derecha liberal o más progresista.
La izquierda por su parte ha generado una gran corriente cultural-artística para difundir sus ideas y lecturas de la realidad, ya sea financiando con fondos estatales a realizaciones cinematográficas, obras artísticas, fundaciones, etc. Muchos fondos internacionales han ido también a alimentar a corporaciones y fundaciones dedicadas a realizar estudios sociales, formar nuevos líderes y desarrollar estrategias comunicacionales. En la centro-derecha prácticamente no existe nada de lo anterior, creyendo que la comunicación política y la construcción de realidad se realiza sólo por políticos. Existe tal ignorancia acerca de la influencia de la multiplicidad de medios en la formación de identidades políticas que son muy pocos los libros de centro-derecha que ofrecen visiones de país o relatos históricos.
Como simple muestra de los resultados, después de 17 años de gobierno de la Concertación, la centro-derecha ha sido incapaz de ganar ninguna elección, sus figuras más importantes poseen en promedio un nivel de rechazo muy superior al de las figuras concertacionistas, los niveles de identificación política con los partidos de centro-derecha son muy bajos, se ha instalado en la opinión pública la dicotomía derecha v/s Concertación en vez de Alianza v/s Concertación o centro-derecha v/s centro-izquierda, es generalizada la mala opinión del gobierno militar, pero la derecha ha sido incapaz de instalar la visión del gonierno de Allende como un período de caos y desorden entre las nuevas generaciones.
En resumen, la derecha pierde terreno electoral y comunicacional contra la izquierda, perdiendo elecciones, no logrando instalar su cuerpo valórico e ideológico en el discurso público y perdiendo la batalla por la revisión histórica.
Este magro panorama para las ideas de centro-derecha ha sido y sigue siendo culpa de la escasa visión de los líderes y cúpulas de la centro-derecha, que no promueven ni generan las instancias para producir cambios culturales y comunicacionales y se largan a improvisar en base a sus propias opiniones personales en vez de buscar el consejo de profesionales del tema.